sábado, 26 de octubre de 2013

POETA EN UN CAFÉ, del libro RIMADO DE TOPACIO

Ensimismado y más, anochecido,
bajo la luna turbia de una lámpara,
el poeta, con aire circunspecto,
en una mesa del café anotaba
algo y luego de nuevo se perdía
por el vago oscuror de su mirada.
Entre aquella nutrida concurrencia
que, ajena y divertida, conversaba,
una auxiliar de clínica, atrevida,
se acercó sigilosa por la espalda
y halló que, con la ayuda de las musas,
estaba resolviendo un crucigrama.

CULMEN, del libro OTOÑO EN BENALIXA

Llegué hasta ti confieso que cansado
de tanta oscuridad, no de buscarte,
pues ni soñando concebí un encuentro
así de deleitoso.
Pero, cansado y todo, sólo ansío
hallar una penumbra
propicia para el tacto y el susurro
con los que recorrer tus resplandores
y dar en el abismo
desde el que se contemplan mil galaxias.

TEORÍA DE LAS SOMBRAS

No es cierto que las sombras
erijan parapetos
en los que tropezarnos.
Las sombras nos acogen
en sus senos gloriosos.
Y poseen la rara
virtud de concederles
un sol a los vencidos.
No hagáis caso si os dicen
de pronto que anochece.
Rotundamente falso.
Querrían decir que empieza
un halo de misterio
que afecta a los que habitan
esta cara del mundo.
Las sombras sólo extienden
su manto horripilante
sobre aquellas miradas
que viven de la ira
e ignoran la fulgencia
que el espíritu irradia
cuando siente que vuela.